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Por qué dar clases a jóvenes no es solo parte de mi trabajo, sino una convicción personal

  • Foto del escritor: 261aguilar
    261aguilar
  • 26 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Foto tomada último día de clases ITESM


Dar clases a jóvenes en temas empresariales no es una actividad secundaria ni un complemento a mi vida profesional. Es una convicción profunda que nace de la experiencia real, de los errores cometidos, de las decisiones difíciles y de la claridad que solo llega después de años dentro del mundo empresarial.

Mi pasión por enseñar no surge de la teoría, sino de la práctica.

Lo que nadie te explica cuando eres joven

Cuando observo a jóvenes en el aula, veo versiones pasadas de muchos empresarios y directivos: talento, energía y ambición, pero poca claridad sobre cómo funciona realmente una empresa. Nadie nos explicó a tiempo cómo se toman decisiones bajo presión, cómo se construye valor a largo plazo o cómo se enfrentan las consecuencias de elegir mal.

Esa falta de guía no se debe a falta de información, sino a la ausencia de referentes que traduzcan la realidad empresarial en lenguaje comprensible para quien apenas comienza.

Enseñar para acortar curvas de aprendizaje

Mi pasión por dar clases nace del deseo de acortar la curva de aprendizaje de los jóvenes. No para evitarles el esfuerzo, sino para evitarles errores innecesarios. Cuando un joven entiende temprano conceptos como responsabilidad, ejecución, criterio y visión sistémica, entra al mundo laboral con una ventaja real.

Cada clase es una oportunidad para sembrar pensamiento crítico y criterio empresarial, no solo conocimiento técnico.

Formar criterio, no solo transmitir contenido

No me interesa que los jóvenes memoricen conceptos empresariales. Me interesa que aprendan a pensar. Que entiendan que detrás de cada decisión hay consecuencias, personas y recursos involucrados. Que comprendan que el éxito empresarial no es inmediato ni individual, sino resultado de disciplina, constancia y trabajo en equipo.

Esa formación de criterio es lo que, con el tiempo, construye líderes sólidos y colaboradores confiables.

El impacto que confirma la convicción

La mayor recompensa de dar clases no está en el aula, sino después. Cuando un exalumno toma mejores decisiones, lidera con madurez o entiende antes que otros cómo generar valor, se confirma que el tiempo invertido valió la pena.

Ese impacto silencioso y acumulativo es lo que convierte la enseñanza en una verdadera vocación.

Enseñar como responsabilidad empresarial

Después de años en el mundo empresarial, entendí que no basta con exigir mejores colaboradores o líderes. Es necesario participar activamente en su formación. Enseñar es una forma de retribuir, pero también de construir el ecosistema que las empresas necesitan para crecer de manera sana y sostenible.

Por eso, dar clases no es solo algo que disfruto; es parte de mi responsabilidad como empresario y consultor.

Conclusión

Mi pasión por dar clases a jóvenes nace de una convicción clara: el futuro de las empresas depende de las decisiones que tomarán personas que hoy están formándose. Acompañarlos en ese proceso es una de las formas más directas y significativas de generar impacto real.

Porque cuando se forma criterio temprano, no solo se crean mejores profesionales: se construye un mejor entorno empresarial para todos.

 
 
 

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